Plátanos en primavera: recomendaciones para evitar alergias por la pelusa amarilla

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Con la llegada de la primavera, la Ciudad de Buenos Aires enfrenta su temporada más difícil para las personas alérgicas. El principal responsable es el plátano de sombra, una de las especies más abundantes del arbolado porteño, con una polinización que se concentra entre septiembre y noviembre. En estas semanas, el fruto cae al suelo, se abre y libera las pelusas características que transportan el alergeno y se dispersan por el aire, sobre todo en días secos y ventosos.

El cuadro más frecuente es la rinitis alérgica, con obstrucción nasal, picazón en ojos y nariz, goteo y estornudos en salva que pueden alcanzar veinte o treinta episodios seguidos. Un dato que los especialistas remarcan es que las pelusas del plátano también molestan a quienes no son alérgicos: sus partículas generan una irritación mecánica por fricción o contacto directo en ojos y vías respiratorias, sin que exista una sensibilización inmunológica de por medio.

El calendario de la alergia se modificó en los últimos años. El cambio climático adelantó el inicio de los síntomas hacia agosto y los extiende ahora hasta enero o febrero. A la polinización de los árboles le sigue la de las gramíneas, los pastos de parques y campos, y más tarde la de las malezas que crecen en los bordes de rutas, lo que convierte a la estación en un problema de varios meses y no de unas pocas semanas.

La condición tiene un fuerte componente hereditario. La alergia no se cura, sino que se trata para mejorar la calidad de vida, y suele repetirse de generación en generación dentro de una misma familia. Lejos de ser una molestia menor, impacta en la vida diaria: provoca falta de concentración, irritabilidad, alteraciones del sueño y ausentismo laboral y escolar, con el costo económico y educativo que eso implica.

Distinguir una alergia de un cuadro infeccioso no siempre es sencillo, porque en esta época coexisten resfríos por cambios bruscos de temperatura, influenza, bronquiolitis y neumonías. Una pista útil es que el resfrío suele durar menos de una semana y puede venir con fiebre, mientras que la rinitis alérgica se mantiene mientras dura la exposición al polen.

Recomendaciones

Las recomendaciones prácticas apuntan a reducir la exposición. En días de mucho viento o polinización alta se sugiere el uso de barbijo. Dentro de la casa conviene limpiar balcones y pisos con mopa, trapos húmedos o aspiradora, nunca barriendo en seco, mantener ventanas protegidas y lavarse el pelo antes de acostarse para no llevar pólenes a la almohada.

Otras medidas complementarias incluyen lavar periódicamente las almohadas, sacar el colchón al sol para controlar los ácaros.

Fuente: relevamiento informativo

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