Miles de personas se congregaron este 7 de agosto en el Santuario de San Cayetano, ubicado en el barrio porteño de Liniers, para participar de una de las celebraciones religiosas más masivas del país. La peregrinación, que cada año convoca a devotos de Buenos Aires, el conurbano bonaerense y distintas provincias, tiene como eje central la petición de pan y trabajo, dos demandas que resuenan con fuerza en un contexto económico marcado por la incertidumbre laboral. La tradición, que se remonta a la década de 1930, cuando el párroco Falgioni impulsó la devoción al santo como patrono del trabajo, sigue vigente casi un siglo después.
La jornada comenzó a la medianoche con la apertura de las puertas del templo, ubicado en Cuzco 150, donde los fieles formaron largas filas para acercarse a la imagen del santo. A las 8 de la mañana se celebró la Misa de los Trabajadores, presidida por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva. Este acto, uno de los más simbólicos de la festividad, incluyó la bendición de herramientas de trabajo, un gesto que simboliza la conexión entre la fe y las necesidades materiales de los devotos. Muchos de ellos llevaron espigas de trigo, un elemento distintivo de la iconografía de San Cayetano en Argentina, introducido por Falgioni durante la crisis económica de los años 30.
Paralelamente a las actividades religiosas, se desarrolló la tradicional marcha hacia Plaza de Mayo, impulsada por sectores de la economía popular, la CGT, las dos CTA y movimientos sociales. Bajo el lema Tierra, Techo y Trabajo, los manifestantes recorrieron la avenida Rivadavia hasta llegar al centro porteño, donde se realizó un acto frente a la Casa Rosada. La movilización, que cumple una década desde su primera edición en 2016, refleja la convergencia entre la devoción popular y los reclamos sociales en un escenario de creciente precarización laboral.
El contexto socioeconómico actual añade urgencia a las peticiones de los peregrinos. Según datos del INDEC, el desempleo en Argentina alcanzó el 7,8% en el primer trimestre de 2026, lo que equivale a casi 1,1 millones de personas sin trabajo en los principales aglomerados urbanos. Pero el dato más preocupante es el aumento de la informalidad laboral, que superó el 44%, afectando a más de 5,9 millones de trabajadores. Este fenómeno, junto con la subocupación, evidencia un mercado laboral cada vez más fragmentado, donde la estabilidad y los derechos laborales son cada vez más difíciles de alcanzar.
La marcha de este año adquiere un tono particular debido a la eliminación del programa Volver al Trabajo, que dejará sin su único ingreso fijo a más de 900.000 trabajadores de la economía popular. Las organizaciones sociales, sindicatos y movimientos piqueteros advirtieron que esta medida agravará la situación de vulnerabilidad de miles de familias. El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, se hizo presente en Liniers y vinculó la celebración religiosa con la necesidad de políticas públicas que protejan el empleo y el salario de los trabajadores.
El Santuario de San Cayetano en Liniers, que comenzó como una pequeña capilla, se ha convertido con los años en un símbolo de resistencia y esperanza para quienes buscan alivio a sus dificultades económicas. La peregrinación de este año, con su combinación de fe y protestas sociales, demuestra que la demanda de pan y trabajo sigue siendo tan vigente como en los orígenes de esta tradición. La unidad entre las centrales obreras y los movimientos populares en la marcha refleja, además, una capacidad de movilización que trasciende lo religioso para instalarse como un reclamo político y social.
Mientras los fieles renovaban sus promesas y pedían por un futuro mejor, las calles de Buenos Aires se llenaron de consignas que exigen soluciones concretas a la crisis laboral.
Fuente: relevamiento informativo del editor
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