Subtes: finalmente licitan la instalación de 41 nuevas escaleras mecánicas

La empresa estatal Subterráneos de Buenos Aires resolvió adjudicar la licitación orientada a la provisión e instalación de 41 nuevas escaleras mecánicas en la red. Los nuevos equipos estarán distribuidos en puntos estratégicos de las líneas A, B, C, D y E con el propósito de resolver las constantes interrupciones que sufren los usuarios en la accesibilidad cotidiana. La medida apunta a modernizar un parque mecánico envejecido donde las fallas repentinas se han vuelto habituales, y que paralizan la movilidad de miles de pasajeros que transitan diariamente por los andenes porteños.

En forma paralela a la renovación de las escaleras, la administración porteña proyecta llevar a cabo el reemplazo y la instalación de ascensores en distintas terminales y paradas intermedias de la red. Estas intervenciones en los medios de elevación se suman a las obras de remodelación y puesta en valor edilicio que se han ejecutado en varias estaciones emblemáticas. A través de trabajos de pintura, impermeabilización, recambio de luminarias y renovación de infraestructura eléctrica, se intenta ofrecer una experiencia de traslado menos hostil para quienes viajan a diario.

Todas estas tareas forman parte de un plan integral de actualización de instalaciones, mantenimiento de vías y renovación de coches que busca mitigar el deterioro acumulado. Entre los proyectos en carpeta también figura la adquisición de nuevo material rodante para la Línea B y mejoras operativas en el sistema de señalización de otros ramales. Sin embargo, a pesar de los anuncios oficiales sobre este paquete de inversiones, las mejoras marchan a un ritmo muy lento que contrasta con la urgencia que demanda el estado crítico del servicio.

Para el público usuario, la concreción de las intervenciones prometidas acumula continuas demoras edilicias y operativas que tornan compleja la movilidad diaria. Gran parte de los medios de elevación actuales permanecen fuera de servicio durante semanas o meses antes de recibir mantenimiento correctivo o ser reemplazados de manera definitiva. Esta inacción prolongada genera serias complicaciones para las personas con movilidad reducida, los adultos mayores y las familias con cochecitos de bebé, quienes deben enfrentar tramos a pie o directamente desistir del uso del subterráneo por falta de garantías en el acceso.

La lentitud en la ejecución de las reformas de mantenimiento encuentra su correlato en una parálisis estructural aún más amplia en materia de infraestructura de transporte. Durante los últimos años, la agenda porteña se limitó mayoritariamente a trabajos menores de remodelación cosmética y recambio parcial de repuestos en lugar de concretar transformaciones profundas en el tendido. La falta de previsión presupuestaria y los continuos diferimientos en las licitaciones públicas postergaron soluciones definitivas para los problemas recurrentes de ventilación, filtraciones de agua y frecuencias en hora pico.

Esta marcada inercia administrativa se vuelve desoladora al analizar la expansión de los rieles en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde el crecimiento de la red de subterráneos lleva dieciséis años de un histórico y severo estancamiento. Desde la inauguración de las últimas estaciones proyectadas en la década pasada, la extensión de kilometraje quedó congelada en una meseta insólita para una capital regional. La tan prometida Línea F, pensada para unir Barracas con Palermo y aliviar los ramales más colapsados, ha acumulado innumerables postergaciones, llamados a licitación reprogramados y dilaciones operativas que dilataron su inicio efectivo durante casi dos décadas.

El contraste con la región resulta insoslayable al constatar cómo otras grandes metrópolis latinoamericanas multiplicaron sus trazados ferroviarios subterráneos mientras la capital argentina mantuvo su mapa congelado. Mientras en urbes vecinas la ampliación de la red fue adoptada como una política de Estado prioritaria para desincentivar el uso del automóvil particular, en el ámbito local las prioridades presupuestarias derivaron hacia la construcción de metrobuses y ciclovías en la superficie. Esta decisión relegó al transporte guiado subterráneo a un rol secundario y subdimensionado en relación con la demanda real de pasajeros.

En definitiva, la adjudicación para colocar 41 escaleras mecánicas representa una respuesta puntual y largamente esperada, pero resulta insuficiente para subsanar años de desinversión sistémica en el subterráneo. La comunidad de usuarios continúa aguardando el cumplimiento de los plazos de obra previstos, en un contexto donde cada mejora operativa avanza a cuentagotas y el sueño de una red extendida que conecte a toda la ciudad sigue relegado tras dieciséis años de inacción gubernamental.

fuente: GCBA, relevamiento informativo y análisis editorial

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