Después de varios meses de intensas renovaciones, la estación Palermo de la Línea D del subterráneo de Buenos Aires ha reabierto sus puertas, poniendo fin a un prolongado período de espera para los usuarios y vecinos del barrio. Las mejoras implementadas buscan transformar la experiencia de los pasajeros, con modificaciones sustanciales en infraestructura y accesibilidad.
La intervención integral de la estación contempló una serie de trabajos que van más allá de una simple refacción cosmética. Los principales cambios incluyen la renovación completa de accesos, galerías, escaleras y andenes, con el objetivo de optimizar la circulación de los usuarios y mejorar sustancialmente la experiencia de desplazamiento en este punto neurálgico del transporte público porteño.
Entre las modificaciones más destacadas se encuentran las labores de impermeabilización, pintura y reparación de pisos, que buscan no solo embellecer el espacio, sino también garantizar condiciones óptimas de seguridad e higiene para los miles de pasajeros que transitan diariamente por la estación. La inversión en estos aspectos refleja un compromiso por modernizar la infraestructura del subterráneo.
Un elemento que llama particularmente la atención es la instalación de una nueva iluminación LED, que promete mejorar significativamente la visibilidad y reducir el consumo energético. Adicionalmente, se ha actualizado la señalética, facilitando la orientación de los usuarios y mejorando la accesibilidad para personas con movilidad reducida.
Años de abandono y postergacion del subte
Sin embargo, la reapertura de la estación Palermo pone sobre la mesa una discusión más amplia respecto al estado de la red de subterráneos de la Ciudad de Buenos Aires. La intervención, si bien necesaria, llega tras años de lo que podría caracterizarse como un virtual abandono de la infraestructura, evidenciando un histórico déficit en las políticas de mantenimiento y modernización del sistema.
La demora en la ejecución de las obras es otro punto que genera preocupación entre los usuarios. Los extensos períodos de trabajo no solo generan inconvenientes en la movilidad urbana, sino que también reflejan una problemática estructural en la planificación y ejecución de proyectos de infraestructura de transporte público.
Este año marcó un hito con el anuncio de la Línea F, tras décadas sin una ampliación proyectada. No obstante, la falta sostenida de políticas de desarrollo en el sistema de subterráneos ha sido un lastre para la modernización de la red de transporte de la ciudad. Las refacciones, como la de la estación Palermo, llegan tarde y son el resultado de años de postergación.
La reapertura de la estación Palermo debe ser vista como un paso adelante, pero también como un llamado de atención sobre la necesidad de implementar una visión más estratégica y comprometida en el desarrollo y mantenimiento del sistema de subterráneos. Los usuarios esperan que esta intervención sea el inicio de una transformación más profunda y sostenida de la red de transporte público porteño.
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Fuentes: gcba, emova y análisis editorial del sitio